Estudios foráneos alertan que la capital no soportaría un sismo importante

JAVIER BRASSESCO

Detalles en los que tal vez no se piensa demasiado se pueden convertir en una pesadilla a la hora de un terremoto en Caracas. ¿Cómo hace una ciudad sin hidrantes, por ejemplo, para combatir la proliferación de incendios? ¿Y cómo maniobra un camión de bomberos en las estrechísimas calles de los barrios? ¿Qué instalación existe hoy para albergar damnificados en la capital, qué hospital no está hoy colapsado sin necesidad de tragedia alguna?

Un terremoto es siempre una posibilidad cierta en Venezuela, un país ubicado en la intersección de dos placas tectónicas (la de Suramérica y la del Mar Caribe) que se mueven en direcciones opuestas. Y dentro del territorio nacional es precisamente su capital, con sistemas de fallas por el norte (Tacuagua) y el sur (La Victoria), una de las zonas que enfrenta mayores riesgos sísmicos.

Existen al menos dos estudios foráneos que en la década pasada se pasearon por la posibilidad de que en Caracas se presentase un terremoto de magnitud, y las conclusiones de ambos son, por decir lo menos, nada reconfortantes.

En uno publicado por la universidad de Columbia en 2003 se decía que ya por entonces el paisaje de la ciudad era dominado por barrios (allí vive hoy, en 2011, casi el 60 por ciento de los caraqueños), en donde la densidad alcanza las 25 mil personas por kilómetro cuadrado (contra 6 mil de la ciudad “formal”). El problema no es tanto la densidad demográfica como el hecho de que todas esas viviendas fueron autoconstruidas, por supuesto sin estudios de suelo o de sismoresistencia.

También llamaba la atención sobre el hecho de que el 95% del agua que consume la capital viene de los Valles del Tuy, y en su recorrido las tuberías atraviesan varias fallas s´ísmicas. En caso de que la red hídrica colapsara, Caracas no tiene agua ni para un día.

También el informe cuestiona la vulnerabilidad de los accesos a la capital, en especial de la carretera Caracas-La Guaira, un tema que hoy ha vuelto a tener actualidad porque el cerro de Gramovén, sin necesidad de terremoto alguno, amenaza con tapiarla.

Del lejano Oriente
La Agencia de Cooperación Japonesa también realizó un estudio sobre los efectos de un sismo en Caracas a petición de la alcaldía Metropolitana en 2005. Desde entonces hasta hoy pocas cosas han cambiado para bien.

Allí se dice que Caracas es un depósito de varias capas de sedimentos que aún no han sido consolidadas debido a los ríos y lagos y al flujo de escombros, y que las zonas con sedimentos más profundos y por lo tanto más vulnerables ante un terremoto, son Altamira y los Palos Grandes y la parroquia San José y sus alrededores.

Agarre usted un recipiente, llénelo de arena y ponga algunos objetos encima. Mueva el recipiente y verá cómo los objetos se hunden. Eso es exactamente lo que pasaría con muchas de las edificaciones que hoy están en esas zonas.

El estudio japonés incluso se atrevió a hacer una proyección de daños según la magnitud del sismo, y así calculó que hoy 70 mil personas perderían su vivienda con un sismo de características similares al de 1967 y 10 mil edificios se verían seriamente afectados. Un terremoto como el de 1812, sin embargo, derrumbaría 32 mil edificios y los damnificados podrían rondar los 200 mil.

El estudio sugería la necesidad de reforzamiento sísmico de edificios y puentes y la reubicación inmediata de zonas de riesgo, pero fue rechazado.

Una ciudad vulnerable
Carlos Genatios, doctor en Ingeniería Estructural y Sismo Resistente, se muestra algo reticente ante estas proyecciones (dice que es muy difícil hacerlas en esta materia), pero en lo que sin duda está de acuerdo es en que vivimos en una ciudad muy vulnerable ante un terremoto: “Tenemos una buena red sismográfica que permite conocer los movimientos de placas bajo el territorio nacional, pero no estamos nada bien en desarrollo urbano: habitamos una ciudad con pocos y vulnerables accesos y más de la mitad de la población vive en sectores urbanos que surgieron y crecieron sin planificación”.

Sin embargo, más que reclamar por las cosas que no se han hecho, dice que prefiere contribuir a que se hagan, y por eso ha propuesto que las carencias en materia de prevención sísmica se podrían enfrentar en seis líneas de acción: tomar la variable sísmica en cuenta a la hora de construir viviendas y rehabilitar barrios (hoy no hay normas sismo resistentes para sistemas de construcción masivo e uno o dos pisos), refuerzo estructural de edificaciones clave como hospitales, escuelas y aeropuertos, entre otros, fortalecer el conocimiento en la población, la integración institucional y el sector productivo y la conformación de redes productivas conscientes de la importancia del manejo de riesgos para estimular el desarrollo.

Por su parte a Rodolfo Briceño, ex comandante del Cuerpo de Bomberos Metropolitanos, le preocupan las condiciones de extrema vulnerabilidad que hoy tiene Caracas (“una ciudad sin accesos seguros y donde las invasiones se multiplican cada día”), y dice que el espejo donde debemos mirarnos no es nada halagador: Haití y sus más de 300 mil muertos.

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