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 Una señora al final de un día que para ella resultó muy complicado y lleno de trabajo, fué a llevarle a su hija pequeña unos cuadernos al cuarto y se dio cuenta de que la niña había derramado una bebida sobre su cama. Es posible que en otro momento, esto hubiera sido sólo un pequeño incidente sin mayor importancia, pero ella perdió el control y comenzó a gritarle producto del estrés, con toda su ira. Le dijo cosas como: “¡Te dije que no comieras en tu cuarto!”, “¡eres una irresponsable”, “¡te lo advertí, pero no te importa lo que te diga!”, “¡apúrate y límpialo inmediatamente!”. Presa de su rabia, cansancio y frustración, maltrató a su hija y agravó más la situación.

Es muy común que en nuestras familias, se tenga la costumbre dañina y destructiva de hacerle comentarios agresivos e hirientes a nuestros hijos. Parece que creemos que así podremos motivarlos a cambiar o a corregir su comportamiento. Pero en realidad, lo que logramos con esto es bajarles la autoestima, quebrarles la seguridad y hacerles perder la confianza en nosotros.

Los niños que son víctimas constantes de insultos, amenazas y críticas, tendrán una estima cada vez más baja y por lo tanto enfrentarán una gran dificultad en el futuro, en sus trabajos y en sus relaciones con los demás, pues no sólo seguirán usando ese mismo mecanismo en la relación con sus seres queridos y en la educación de sus hijos, sino que también es posible que se sientan incapaces de ponerles un límite a las personas que intenten maltratarlos en algún momento, creando un círculo vicioso de maltrato, dolor y baja estima.

Nuestros hijos responden mejor a los actos, los gestos y a las palabras alentadoras y cariñosas, que al castigo excesivo o a los comentarios denigrantes y descalificadores, pues éstos acaban con su estima y les dejan heridas emocionales difíciles de sanar. El apoyo, el reconocimiento de sus logros y esfuerzos y la calificación constante los fortalece, los capacita para enfrentar la vida, y los hace sentir queridos e importantes. Si tienes hijos pequeños, todavía estás a tiempo de corregir tu comportamiento, para brindarle un trato más cariñoso y amable, consciente de lo importante que es y será para ellos.

Conductas para aprender:

ELIGE EL MEJOR MOMENTO: hasta la crítica más constructiva y hecha de la forma más delicada, pero dicha en un mal momento, puede ser devastadora para tu hijo. Reclamarle delante de sus hermanos, de sus amigos o en público, es en extremo hiriente y puede afectarlo para toda la vida. Es preferible esperar que te sientas más sereno para llamarle la atención y evitar así herirlos profundamente.

EVITA LOS COMENTARIOS IRÓNICOS: cuando se mezcla el elogio con la descalificación, los hijos se fijan más en lo negativo de nuestro comentario. Por ejemplo si tu hijo arregla su cuarto, no puedes entrar diciendo: “¡Qué maravilla, te felicito!, pero los juguetes van en su caja y la ropa en el clóset”, pues tu comentario
se traduce en: lo hiciste bien, pero podrías haberlo hecho mejor.

NO USES EL SENTIDO DEL HUMOR: los dobles sentidos les crean confusión, pues los niños no entienden cuándo hablas en broma y cuándo lo haces en serio. Los apodos “cariñosos” o en broma como “mi gordito”, “flaquita…”, pueden traerles en el futuro consecuencias negativas, pues al crecer tendrán una opinión negativa de su aspecto, no se aceptarán y tendrán una baja estima.

RESPETA SUS SENTIMIENTOS: no minimices los sentimientos de tus hijos para protegerlos. Si tu hijo se siente frustrado por no haber ganado un partido de fútbol, déjalo que viva y exprese su frustración. No lo contradigas tratando de ayudarlo a
salir de ese estado, diciéndole que eso no tiene mayor importancia, que otra vez
será. Mas bien escúchalo, dile que lo comprendes y acepta respetuosamente sus sentimientos, y pregúntale: “¿Cómo crees que puedas solucionarlo?”. Así ellos aprenderán a hacerle frente a sus sentimientos y a buscar su propia solución.

NO LO ETIQUETES: Si le dices a tu hijo que será un fracasado, torpe, o distraído, siempre se verá y se sentirá de esa manera. Y si en el futuro logra cosas buenas, pensará que es debido a la suerte o a la casualidad, y si le salen mal, será porque
es un fracasado.  Vale la pena que refuerces sus capacidades y talentos y minimices sus limitaciones y debilidades, apoyándolo para que las supere con cariño y paciencia.

CUMPLE TUS AMENAZAS Y PROMESAS: el no cumplir con las amenazas o las promesas que les hicimos acaban con la confianza y el respeto que los hijos nos tengan. Te recuerdo que ellos dependen absolutamente de ti, y será tu trato y la atención que les brindes el medio a través del cual ellos reciban tu amor.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

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