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OSCAR
YANES

En la ciudad vieja le "tiró flores" al General Gómez,
en la de mitad de siglo la hizo "vibrar" con su oficio
de periodista, y en la de nuestros días, Oscar Yanes
se ha convertido en la memoria histórica andante:
el cronista de la ciudad

Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand


Nació en Caracas, en la parroquia San Juan, y creció en el Cerro Buenos Aires, frente a la Roca Tarpeya. De allí bajó con cinco preguntas en la cabeza: qué, cómo, cuándo, dónde y por qué, interrogantes básicas que todo periodista se hace a diario. El anhelo de ser reportero lo llevó por un camino en el que, ineludiblemente, se ha enamorado de Caracas; ha investigado sus leyendas, la ha hecho pública mediante su oficio, y ha rescatado lo que el tiempo está decidido a destruir: la memoria
histórica de la ciudad.

Oscar Yanes, ahora de 80 años, nació en los tiempos del General Juan Vicente Gómez, e incluso una vez, en un acto oficial, fue escogido con otros niños para
"tirarle flores" mientras pasaba en un auto descapotado. "Ahora le tiraría piedras", bromea, y aclara: "Si tuviera el valor, por supuesto".

De aquellos años rememora los paseos por la ciudad. "Jamás olvidaré mis tardes dominicales en tranvía", dice sonreído. "Lo hacía cada semana junto a mi abuela. Cómo disfrutaba esos momentos. Íbamos desde El Paraíso hasta el Centro. Había tramos en los que le imprimían la máxima velocidad, y aquello se tambaleaba de un lado a otro: iríamos a unos 20 kilómetros por hora", cuenta.

Mientras habla va recordando un sinfín de historias, así como lugares que permanecen iguales que 70 años atrás. De aquella Caracas, la vieja, fue de la
que se enamoró. Fue cautivado por la belleza de sus construcciones, la calidez
de su gente, su cerro El Ávila y la maravillosa colina El Calvario. "Desde allí
uno podía ver toda Caracas, era fantástico", dice. Y era El Calvario,
justamente, su lugar preferido.

Si de historias se trata, Oscar Yanes no para de reír al contar la anécdota de
"El nudista", un hombre negro y flaco que, desnudo, solía tocar las puertas de las casas a altas horas de la noche. Cuando una dama contestaba "¿Quién es?", el personaje respondía: "¡Soy El nudista, y mañana en la noche te raspo!". "Hubo mujeres que se fueron de la ciudad por miedo… y nunca se supo quién era
el fulano. Luego corrió la versión de que aquello era una farsa del gobierno
para distraer la atención. Bueno, estaban mandando los adecos y uno podía
esperar cualquier cosa", dice.

Pero cree que el punto cumbre que vivía la ciudad se producía cuando aparecía el famoso "Enano de la catedral". "Ese le salía a los hombres infieles. Cuando éstos iban de noche por la Plaza Bolívar, veían que en la esquina de Gradillas había un enano con un cigarro en la mano. Cuando el hombre se acercaba, el enano le pedía un fósforo. Acto seguido, crecía hasta llegar a la altura del reloj de la iglesia. Allí se detenía, señalaba con el dedo las agujas y decía con voz ronca: ‘Son las doce de la noche en Caracas, seis de la mañana en Roma’. Aquello era la comidilla. La ciudad vibraba con esa historia", relata.

Yanes, empedernido reportero de la capital, recuerda que su pasión por esta urbe comenzó cuando, de niño, mientras iba a la escuela, se topaba cada mañana con Armando Best, entonces célebre boxeador venezolano. Éste iba trotando por las calles hasta subir la larga escalinata de El Calvario, pero en el camino se le unían decenas de niños que se esforzaban por seguirlo. Oscar Yanes, rumbo a su clase
de cada día, no resistía la tentación de ir tras el boxeador. Recuerda que mientras corrían, la gente en las calles los aupaba con aplausos, pero él siempre desfallecía
en los primeros cuatros escalones de la colina. La visión de correr por la ciudad
detrás de un ídolo, lo sedujo sin remedio. "Uno quería alcanzar a aquel hombre
y ser como él, para subir hasta lo más alto de Caracas"… Hace una pausa
y sonríe: "Así son las cosas". 

REVISTA ESTAMPAS 05/08/07

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