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Exactamente, cuando las agujas del reloj marcaron las 8:02 de la noche, la tierra comenzó a moverse de un lado para otro y de arriba hacia abajo. Era el sismo el anuncio del estruendo que vino de las entrañas de la tierra que enlutó a la capital de Venezuela hace hoy 40 añosEl Salón Venezuela del Círculo Militar, de nuestra homenajeada capital, había sido testigo de la coronación de la reina cuatricentenaria, la distinguida señorita Elsy Manzano. La fiesta era por todo el mes, por lo cual ese sábado 29 de julio de hace 40 años, los jolgorios llegarían a su apogeo.Efectivamente, a las 7.30 de la noche de ese día, comenzó la transmisión del Miss Universo, donde éramos representados por una hermosa mujer llamada Mariela Pérez Branger, quien a su vez era un caraqueña de la alta sociedad. Así comenzaba el reloj, con su impecable paso del tiempo, a traer la hora fatal y marcar con la desgracia a la señorial cumpleañera.Cómo fue

Exactamente, cuando las agujas del reloj marcan las 8:02 de la noche, la tierra comenzó a moverse de un lado para otro y de arriba hacia abajo.

Se escuchó un fuerte ruido, al que todos los que fuimos testigos de excepción lo denominamos como “un rugido espelúznate”, dejándonos despavoridos y paralizados del miedo. Era nada menos que el temible terremoto de Caracas de 1967, del que se cumplen 40 años justo hoy.

El desastre

Ese terremoto fue estimado en 6,5 en la escala de Ritcher. Su epicentro se ubicó entre Arrecife y Naiguatá, en el Litoral Central de Venezuela. Su terrorífica ola de expansión abarcó violentamente a las zonas de Altamira, Los Palos Grandes, y el propio Litoral Central. Muchos presenciaron con horror cómo se desplomaban construcciones que hasta ese momento se consideraban sólidas, como lo fueron El Neveri y El Palace Corvin en Altamira, San José y Mijagual en Los Palos Grandes.

Lo impresionante fue ver cómo se derrumbaban, parecían castillos de arenas que el viento arrasaba. Quedaron también afectados por la intensidad del sismo los edificios El Roxul, Royal Coral y Blue Palace, en esa misma zona.

Vargas no se salvó

Mientras tanto, era impactante ver cómo La Mansión Charaima, en el Litoral Central, perdía los cinco últimos pisos. Una amiga que presenció ese hecho, comentó que no sabía qué era lo que realmente pasaba, creía que se había quedado dormida al volante de su automóvil, pero la realidad y el fuerte movimiento de la tierra la hizo volver en sí y darse cuenta que se encontraba frente a un fenómeno de la naturaleza. Se puso a llorar como una niña sin saber qué era lo que debía o tenía que hacer. Esa persona era María Luisa Rodríguez, ama de llaves del Club Puerto Azul.

También el Macuto Sheraton sufrió fuertes daños en sus estructuras. Al fuerte sismo le continuaron 30 réplicas más, todas de menor intensidad, pero que cada una de ella llenaba de pánico a quienes la sentían ya que tenían el temor del primer sismo que fue considerado un terremoto por la gravedad de su escala. Para hacer más sombrío el hecho, apareció una pertinaz lluvia que duró por muchas horas.

Anécdotas

Hay muchos hechos heroicos que se originaron entre las personas que rescataban víctimas de una muerte segura, arriesgando sus propias vidas. Asimismo, hubo una gran unión entre la población caraqueña, al prestar cobijo y ayuda a los necesitados y damnificados por el terremoto. Si bien es cierto que ese sismo afectó las vidas de muchos inocentes, también es verdad que los caraqueños supieron demostrar el amor al prójimo y ser participes del gran dolor que se vivía después de esa gran tragedia.

Vamos a recordar dos hechos muy significativos de este desastre natural. El primero de ellos está relacionado con un vidente europeo, del cual solo recordamos su apellido y el mismo era Maratti, quien en el año de 1966 profetizó que Caracas sería sacudida por un fuerte temblor de grandes consecuencias a mediado del año 1967 y que el mismo dejaría una huella de dolor y muerte. El otro tiene que ver con la Cruz de Caravaca de la Catedral de Caracas, y que relata como un hecho real que la misma se desprendió desde lo alto de esa iglesia y al caer al suelo el terremoto cesó y como testimonio de ese hecho quedó su marca grabada en el piso.

DIARIO LA VOZ 29/07/2007

Dos héroes del 67 cuentan el rescate entre los escombros

Yoya, la perra dálmata, no paraba de ladrar, estuvo inquieta en la humilde vivienda del sector Campo Rico de Petare. Su dueño, Francisco Muñoz de 20 años, la desató y acto seguido empezó el temblor.

Muñoz como pudo tranquilizó a su madre y vecinos. Manejó en dirección a su trabajo: la estación de bomberos de Chacao. Le asignaron las labores en el edificio Mijagual, donde estuvo una semana recogiendo escombros y cadáveres. Sólo recuerda haber rescatado a un sobreviviente.

“Era un joven delgado de 22 años. Pudimos sacarlo a los tres días del sismo jalándolo poco a poco”, recordó.

Carlos Oropeza contaba 18 años y considera que aquél sábado de 1967 fue su estreno como bombero. Trabajó en los edificios Mijagual y Palace Corvin.

En su memoria conserva la escena de una mujer que se sujetó al tendedero en la azotea y cayó al vacío. “Quedó viva. Era fuerte. Presentó lesiones leves”, relató Oropeza.

La noche del sismo llegó el presidente Raúl Leoni y habló con el personal, pero Oropeza no lo escuchó porque estaba entre las ruinas. Sin embargo, el jefe de Estado ordenó que se promoviera al grado superior inmediato a quienes trabajaron en la jornada.

A los ex apagafuegos, compañeros de la promoción “Héroes del 67”, les quedó grabada en la mente la imagen de las estructuras que tuvieron 12 picos, vueltas añicos.

Luego de que las maquinarias rompían las placas de los edificios caídos, los bomberos levantaban lo cuerpos y los enviaban a la morgue que quedaba en Petare. También apagaron el fuego producido por estallidos de cocinas de gas.

Fue común para ambos observar entre el polvo a hombres bocabajo que arroparon a sus esposas e hijos, sin escapatoria.

Oropeza se jubiló en 1998 y ahora trabaja en la policía de Sucre. Mientras Muñoz conserva una carpeta con gráficas amarillentas de la época que ahora evoca en el calor de Jusepín, estado Monagas, donde vive hace catorce años.

EL UNIVERSAL 29/07/2007

UN AÑO MAS DEL TERREMOTO DE CARACAS 29/07/1967

Dicen que cuando la cruz cayó al asfalto inmediatamente dejó de temblar en Caracas. Al menos eso fue lo que vio el pintor Alirio Oramas, después de los 35 segundos en los que sintió que la tierra rugió en el interior de la Catedral.

A las 7:30 pm del 29 de julio de 1967 muchos venezolanos se disponían a ver la transmisión del Miss Universo. Como era usual en aquella década, la candidata favorita era la venezolana. Pero los televidentes no alcanzaron a ver la final entre la criolla Mariela Pérez Branger y la candidata estadounidense, porque a las 8:02 de la noche comenzó el movimiento telúrico de 6,5 en la escala de Richter.

En el centro de Caracas el Padrenuestro que rezaban en la misa fue interrumpido por el temblor. Alejadro Oramas agarró con una mano a su pequeño hijo y con la otra tomó a su esposa. Los tres salieron arrastrándose por el piso del templo, muy pegados a la pared, mientras esquivaban los vidrios que explotaron con el temblor. Y afuera, justo en la entrada del templo, los esperaba la cruz de Caravaca de la Catedral estampada sobre el asfalto. “Fuimos de los primeros en salir de la iglesia y en ver la cruz en el piso, después que se desprendió de la fachada de la Catedral. Su silueta quedó en el medio de la calle, apuntando hacia el Ávila. Inmediatamente la gente empezó a rodearla, se arrodillaban y la besaban. Otros, decidieron lanzar monedas”, dijo el pintor Alirio Oramas.

Después del terremoto, otras 30 réplicas mantuvieron en zozobra a la población. Oramas envió a su esposa y a su hijo a casa. Él se quedó junto a la cruz hasta el día siguiente. Llegaron más curiosos y también la lluvia, que los acompañó hasta la madrugada.Manos a la obra
A Alirio Oramas se le infla el pecho cuando dice que fue formado en París por Georges-Henri Rivière, creador de la museología. Así, Oramas, uno de los primeros museólogos del país, fue inmediatamente designado para desenterrar la cruz de el asfalto y restaurarla. Menos de 48 horas después del temblor fue acordonada la zona en donde estaba la cruz. “Los ingenieros y yo dibujamos un cuadrado alrededor del objeto. Debajo, le metimos vigas e hicimos una especie de malla. Después, con un gato hidráulico levantamos el asfalto y la trasladamos hacia el taller. Durante todo el recorrido se posó al lado de la cruz una paloma blanca, que no dejó de supervisar el proceso de restauración”, explico Oramas.

En el taller, ubicado en el que para ese momento era el Ministerio de Obras Públicas, el pintor Oramas despegó con cuidado la cruz del asfalto.

Después, retocó la pieza y también le aplicó colores pasteles por los 2 travesaños horizontales, los mismos que representan la inscripción que Poncio Pilatos mandó a colocar sobre la cruz de Jesucristo. Detrás del Santo Sepulcro
“El verdadero destino del asfalto en donde quedó grabada la cruz, tenía que ser la plaza del Venezolano. Justo donde Simón Bolívar dijo la frase “Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella´´”, señaló el museólogo.

Aunque la cruz de la Catedral de Caracas retornó a la fachada principal de la iglesia después de casi una semana, el asfalto en donde quedó la huella perfecta de esta, desapareció. No fue al Museo Sacro, ni lo llevaron a la Catedral.

Sin embargo, el museólogo se enteró hace un par de años que la placa con la cruz había sido llevada a una iglesia en El Valle. “La escondieron porque era un objeto pagano. Porque la gente la iba a venerar como a María Lionza o José Gregorio Hernández”.

Hace una semana emprendió su investigación y llegó a El Valle, en donde dio con la iglesia San Antonio de Padua, ubicada en la calle 16. Al pintor, le costó pasar al interior del templo, porque no estaba permitida la entrada en hora del mediodía.

“¿Aquí está el asfalto en dónde cayó la cruz?”, le preguntó Oramas a una de las empleadas. “Yo no sé nada de eso”, contestó la mujer. A simple vista, la placa no estaba. El Santo Sepulcro se encargaba de tapar el asfalto con la silueta. Oramas (con ayuda de otra persona)se encargó de mover la caja de vidrio en donde estaba acostado Jesús. “No puede ser que esto lo tengan oculto. Esto es sagrado, es una obra de arte y debería estar a la vista de los creyentes”, gritó Alirio Oramas en el interior del templo, mientras acariciaba el asfalto.

“Esta es la huella maravillosa estampada en el pavimento por la cruz que coronaba el frontispicio de la Catedral de Caracas desde 1867 y cayó al cesar el terremoto que sacudió por 30 segundos a la ciudad la noche del 29 de julio de 1967 (…) el pueblo agradecido a la piedad del cielo, recogió este signo bendito y lo erigió en piadoso monumento de recordación”. Este mensaje está grabado en una placa que descansa al lado del asfalto. Pero nadie se ha percatado que está allí.

Más de 15 mil misas se han celebrado en el mismo templo en donde reposa el asfalto que Oramas cataloga como sagrado. “Dios no me ha quitado la vida porque mientras yo viva no morirá la cruz. La sacaré de aquí y la llevaré a un lugar digno en donde reciba el cuidado que merece”, dijo Alirio Oramas al salir del templo.

EL UNIVERSAL 29/07/2007.


 

Gracias

Como es de todos conocido, nuestra ciudad de Caracas fue fundada el 25 de julio de 1567 por el conquistador español Diego de Losada, por lo que los caraqueños celebraban su cuatricentenario en 1967 y se encontraban de fiestas.

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