A las 9:16 minutos de la mañana de este lunes, el tren 15 del Metro de Caracas, que iba en dirección a Propatria, apenas logró desacelerar cuando colisionó en la estación Plaza Sucre con el tren 48, que estaba parado, desplazándolo al menos cinco metros. En el hecho falleció Soraida del Carmen Rodríguez Astudillo, de 42 años, pasajera del último vagón del tren que se encontraba en el andén.

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"El bicho comenzó a sonar ¡bum!, y de repente el techo se abrió, yo agarré a mi tía que estaba al lado mío. Una señora salió volando y le pegó la cabeza al piso y otra nos cayó encima". Aún con la intravenosa en el brazo y en la otra mano el celular con el que grabó un breve video de los hechos, el joven de 14 años que estaba en el tercer vagón del tren 15 relató que se oían gritos y había humo por todas partes.

En el hecho 14 personas quedaron heridas: Rosa Elena Rodríguez (34); Marleni Rondón (52); Manuel Blanco (59); José Quiroz (48); Ramón Antonio Arias (60); Hernán Chávez (44); Gregorio Pérez (40); Gisela Mejías (69); Manuel Asunción Medina (41); Kelly Pin (22); Darío Castro (59); Julio Farías (39); un joven de 14 años, y José Becerra (42), operador del tren 15.

Más de una hora tardaron los Bomberos Metropolitanos y el equipo de Seguridad del Metro en sacar del amasijo de hierro al conductor del tren 15, quien fue trasladado a la clínica Loira con politraumatismos y una fractura en el tobillo derecho. Su condición es delicada pero estable, y la tarde del lunes fue operado de la lesión en la pierna.

El accidente del metro es el primero que registra un saldo fatal en 23 años de operaciones.

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Rápido desalojo

El jefe de Operaciones de los Bomberos, comandante Delio Martínez, explicó que al momento del choque unos 30 efectivos de Seguridad del Metro comenzaron a romper los vidrios, pues falló el sistema de seguridad y las puertas no abrieron. Diez minutos más tarde llegaron 60 efectivos bomberiles y 20 unidades de rescate entre la Brigada Motorizada y ambulancias.

Funcionarios del Metro que estaban al momento de la colisión explicaron que el desalojo de los usuarios se hizo en menos de 15 minutos, pues aseguran que en cada tren no había más de 80 personas.

Kelly Pin decidió utilizar el metro porque iba a una entrevista de trabajo. Pero el impacto entre los trenes no la dejó llegar. "Venía en dirección hacia Propatria y estaba en el vagón que se detuvo en la estación Plaza Sucre. El choque fue horrible y creo que el impacto se sintió más en el tren que estaba detenido. Al rato del suceso empezamos a correr. Dentro del vagón la gente se supo comportar. Me pegué en la rodilla cuando chocamos. Mi novio me ayudó a salir", relató la mujer en la clínica Nueva Caracas -a una cuadra de Plaza Sucre-, lugar donde estaban otros 10 heridos. Dos más fueron trasladados al Periférico de Catia y uno al Hospital de Clínicas Caracas.

"Hasta los momentos he tratado a 9 pacientes que presentan contusiones simples y abrasiones. Otros tienen traumatismos craneoencefálico. A la mayoría los estamos inmovilizando y les mandamos un tratamiento ambulatorio. Ninguno está en terapia intensiva y les daremos los tratamientos mínimos antes de referirlos a un hospital público", explicó el traumatólogo José Bendayán, residente de la clínica Nueva Caracas.

Seis horas luego del accidente los efectivos aún no habían podido separar los dos trenes que chocaron justo por el llamado vagón de la dignidad. El trabajo fue muy complejo ya que los rieles de la estación quedaron en muy mal estado y terminarían por destrozarlos si se movilizaban los dos transportes juntos.

Al lugar llegaron brigadas de Respuesta Inmediata y del grupo BAEZ del Cicpc, además de la División Antiexplosivos de la Disip. Una comisión mixta colectaba las evidencias para determinar las causas del hecho, pero se presume que la falla pudo ser mecánica.

Rosa Rodríguez, una de las heridas, relató que el tren iba frenando, luego aceleró y fue cuando chocaron. Ella regresaba de llevar a sus hijos, de 14 años y su bebé de 11 meses de nacida, al médico y se bajaría en Plaza Sucre a comprar las medicinas.

"Traía a la bebé y no sé ni cómo la agarré para que no le pasara nada. La vi ponerse pálida en mis brazos. Yo me encomendé a Dios, pues había humo por todas partes, nos estábamos quedando sin aire porque estábamos encerrados y la gente gritaba que nos íbamos a quemar".

Ahora Rosa tiene miedo, "qué más puedo hacer si no tengo carro, seguiré montándome en el metro, pero ahora cada vez que entre voy a recordar el miedo que tuve hoy".  EL UNIVERSAL 31/07/07

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