GALIPAN

Una de las excursiones que se pueden realizar en el Ávila, es la visita a Galipán. Lo único que necesita es un vehículo de tracción en las cuatro ruedas, ganas de divertirse, algo de abrigo y ¡listo! Y si no posee un vehículo rústico, no importa, pues subiendo por Cotiza en la zona de San Bernardino, se encuentran "jeeps por puesto" que suben y bajan pasajeros.

Ubicada al norte de Caracas, dentro del Parque Nacional El Ávila, Galipán es una zona rural, dividida en cinco sectores, que cuentan con los servicios básicos de electricidad, teléfono, dispensario, iglesia, un pre-escolar y escuela básica hasta sexto grado, bodegas, restaurantes y el servicio de agua, que proviene de manantiales y se distribuye por un sistema de mangueras.

Estos sectores son San Isidro, San Francisco, San Antonio, San José y Manzanares.

El más importante es San Isidro, zona que recibe el nombre en homenaje al patrono de los campesinos, y en él se encuentra la Capilla de San Isidro, la escuela y el Dispensario. En el interior de la capilla, vemos el altar, una donación del artista venezolano Ernesto León, el cual es aproximadamente del siglo XVII y él lo encontró en muy mal estado y abandonado en la Catedral de Caracas; de igual modo donó el Cristo de 2.45 mt. y las estaciones del Vía Crucis, hechas de oro quemado y óleo. En esta capilla, además de las fiestas religiosas, se celebran reuniones de la comunidad. A un lado de la capilla se encuentra el campanario que avisa a los pobladores la celebración de la misa, la celebración de las fiestas patronales, o la convocatoria a una reunión.

También en la zona de San Isidro se encuentra un sector donde anteriormente había un potrero de chivos, por lo que se le conoce con el nombre de "La Chivera". Ahí funciona "El Merendero de la Montaña de Galipán", conocido por algunos como "La Bodega de Emilio". Al comienzo, el sitio era un lugar de reunión, cuyos dueños eran Telésforo Silva y Pastor Denis, según nos contó Emiliano Silva: en una de las paredes del actual local, había un horno a leña, grande, de piedra y cuando se inicia la construcción del Teleférico, Telésforo Silva horneaba pan artesanal, el cual se vendía ahí y además funcionaba como centro de suministro de refrescos y algunos alimentos para los obreros; más tarde, era el proveedor de pan para el Hotel Humboldt. En 1959, Juan Silva y Eleuterio Torres compraron la parcela y comenzó a funcionar la bodega "La Chivera", donde hoy no sólo se compra lo propio de una bodega, sino además algunos artículos de ferretería. Desde la época en que empezó a funcionar el teleférico, La Chivera es uno de los sitios favoritos de los turistas, por los sándwiches de pernil, los jugos de mora y de fresas de la zona, los dulcitos criollos, la torta de pan, todo lo cual se disfruta en una terracita techada. Hoy en día, la bodega es atendida por su dueño, Emiliano Silva, su esposa Minerva y sus hijas. Al lado se disfruta de una vista sin par y se puede alquilar caballos para un corto recorrido.

Cerca de aquí hay un manantial que se conocía como "Barrilito de Galipán", porque había un barril lleno de agua; el sitio es conocido hoy en día como "Los Pocitos".

Cerca de La Chivera, en la vía El Guamito, se encuentran kioscos de flores y frutas naturales, comida rápida, dulces caseros, artesanías y un terminal de camionetas y jeeps que llevan a los pasajeros de regreso a Caracas y ofrecen el servicio de transporte hasta el Hotel Humboldt.

La población actual es aproximadamente de unos dos mil quinientos galipaneros, descendientes de canarios y que conforman unas trescientas cincuenta familias, asentados en una zona especial dentro del Parque Nacional El Ávila, de acuerdo al Decreto 2334 del año 1992, que regula el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso del Parque Nacional El Ávila, quienes se dedican al cultivo de flores y frutas, las cuales, además de venderse en los kioscos de Galipán, se venden en el Mercado de Las Flores en Caracas, ciudad de la que depende económica y culturalmente, a pesar de depender jurisdiccionalmente de la Parroquia Macuto del Estado Vargas.

Otro atractivo es los restaurantes de la zona, famosos cada uno de ellos por sus especialidades.

Invitamos a visitar la zona. Como ya advertimos, lo que se necesita realmente es un buen abrigo, pues hace frío la mayor parte del año, lo demás lo encontrará en el camino: transporte y comida.

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